Sábado, 3 de febrero de 2007. Yo había ido a Valencia a pasar el fin de semana y, como era habitual, me alojaba en casa de Dani, mi mejor amigo, que ya estaba viviendo con su mujer, Amparo. El Valencia jugaba contra el At. de Madrid y lo televisaban en abierto, así que le propuse a Dani organizar una tarde-noche futbolera, aprovechando el proyector que se había comprado y la pantalla de 2 metros. La idea era quedar sólo tíos, así que comenzamos la ronda telefónica: José, Vicente, Quique, Rafa...
Yo fui quien llamó a Rafa y le propuse el plan "tarde futbolera sólo tíos", pero él ya tenía planes para cenar con su novia (Cris) y una amiga de su novia. Me comentó si quería apuntarme a la cena, que la amiga de Cris era muy maja... Seguramente en otra época hubiera aceptado, pero estaba pasando una época de gran pereza para ligoteo y no me apetecía una cita a ciegas. Le dije que ya habíamos quedado para ver el fútbol, pero que si quería después del partido y su cena, podíamos quedar a tomar alguna copilla.
Finalizó el partido y, a pesar de la alegría (ganamos 3-1), no había un ambiente muy marchoso y lo de salir a tomar una copa no parecía apetecer mucho. Yo estaba sin afeitar y con ropa totalmente informal y me daba mucha pereza arreglarme. Mientras pensábamos el plan, nos pusimos a matar monstruos con la Play, también en el proyector (¡qué gozada!) y en ese momento llamó Rafa... La verdad es que me apetecía verle, pero me daba pereza salir, así que le dije que iba a comentarlo con el resto del grupo y le llamaría en unos minutos. Como a ninguno nos apetecía salir, alguien comentó... ¿y si se vienen aquí a tomar una copa? ¡Genial! De esta forma, no tenía que arreglarme y así podíamos ver a Rafa. Enseguida llamé a Rafa y se lo comenté y, tras consultarlo con Cris y su amiga, accedieron al plan.
Quedamos en que cuando estuvieran por la calle Jesús nos harían una llamada perdida y bajaríamos Dani y yo para guiarles. A pesar de mi pasotismo, reconozco que empecé a sentir curiosidad por cómo sería la amiga de Cris y, como yo era el único soltero, fueron inevitables algunos comentarios. En cualquier caso, yo le resté importancia al asunto.
En cuanto recibimos la llamada perdida, bajamos Dani y yo. Llegamos a la calle Jesús y Rafa venía a lo lejos en su Renault Megane plata. Le hicimos señas, se acercó hasta nosostros y paró para que subiéramos. En el asiento de atrás estaba la amiga de Cris y yo no pude evitar mirarla para ver su aspecto. Me pareció una chica mona y, entonces pensé... ¡y yo con estas pintas...! Dani me empujó para que pasara yo primero y así me sentara a su lado. Fue el primer gesto de la noche tratando de "liarnos"... Nos presentamos y entonces fue cuando conocí a Iris, la amiga de Cris. Me pareció un nombre muy bonito y volví a pensar... ¡y yo con estas pintas...!
En el corto camino, sólo intercambiamos palabras con Rafa, pero tampoco hubo tiempo para mucho. Una vez arriba, Dani y Amparo aprovecharon para enseñarles el piso y después de ver el dormitorio principal, Iris y yo nos quedamos en la puerta de la cocina. Entonces Iris, ante mi sorpresa, tomó la iniciativa y me pregunto... "entonces, ¿en qué trabajas?" ¡Diooooos! ¡Increible! Además de guapa, es abierta y no necesito estar inventando preguntas para sacarle conversación... y entonces me vino el pensamiento a la cabeza... ¡y yo con estas pintas...!
Tras la visita al piso, nos preparamos una copita, nos instalamos en el salón y desde ese momento, Iris y yo nos convertimos en el punto de mira de todos... Ya nos querían casar, incluso hablaban de hijos... ¡madre mía! Menos mal que me lo tomé con humor y me pareció que Iris también, porque era para que se hubiera largado directamente.
Fue poquito tiempo el que estuvimos hablando, pero Iris me gustó mucho. Al final, aprovechando que estaba cerca mi cumpleaños, decidimos organizar una cena en mi próxima visita a Valencia, así podríamos conocernos mejor. Me pareció muy buena idea. Cuando se fueron, nada más cerrar la puerta, Dani y Amparo me miraron todo emocionados.... ¡me ha encantado! Y no pude evitar decirles, ¡y yo con estas pintas...!
lunes, 15 de septiembre de 2008
domingo, 14 de septiembre de 2008
Lo prometido es deuda
Bueno, pues como ya comenté, empiezo este blog hablando de nuestros inicios, sobre cómo nos conocimos Carlos y yo. Podría decir que fue de una manera romántica, increíble, de película. Pero lo cierto es que fue cuanto menos algo subrealista, aunque no por eso menos bonita, o por lo menos a mí me lo pareció.
Todo empezó una noche fría de febrero. Carlos estaba en Valencia, pasando el fin de semana en casa de su mejor amigo, Dani. Yo, había tenido clase del master toda la tarde cuando me llamo mi mejor amiga, Cris, proponiéndome quedar a cenar con su novio (Rafa, otro amigo de Carlos) y con un amigo de Rafa, que no era Carlos, claro. Por supuesto, acepté la oferta.
Lo cierto es que cuando fuimos a cenar, ese chico al final no iba a venir y Rafa llamó a Carlos para que se viniera. Esperando una encerrona, Carlos pasó de la cena y prefirió quedarse a ver el fútbol, pero dijo que luego nos llamaría.
Las horas pasaron, cenamos, tomamos algo y a las 2 de la mañana, justo cuando nos metíamos en el coche para ir a casa, llamó él y fuimos a casa de Dani a tomar algo.
En fin, después de todo este lío de llamadas y no llamadas, ahí estaba él, esperándonos en una esquina de la calle Jesús, con su melena al viento (y bastante desaliñado (no lo digo yo, lo ha dicho él siempre), sin afeitar, duchar y vestido con ropa normal). Total, que se mete en el coche y vamos a casa de Dani. Allí, entre copa y copa, parecía que entre todos ya nos querían casar, preguntándome que si quería tener hijos, sobre cuántos podríamos tener, sobre si Carlos ayudaría a mis padres a arreglar el chalet, etc. Como os he dicho, bastante subrealista. Pero pese a todo esto, la sensación que nos causamos mutuamente fue muy buena, así que quedamos que en tres semanas vendría otra vez a Valencia y organizaríamos una cena.
Y así fue, el 24 de febrero de 2007 quedamos a cenar. No he estado tan nerviosa en mi vida, y aún así, entre idas y venidas al baño (una que es nerviosa por naturaleza, qué le vamos a hacer), surgió el amor.
Y así empezó todo, el que ya lo supiera, puede recordarlo y el que no, ya ha podido matar su curiosidad. Ya os había avisado que no fue nada del otro mundo, simplemente una historia de amor...
Todo empezó una noche fría de febrero. Carlos estaba en Valencia, pasando el fin de semana en casa de su mejor amigo, Dani. Yo, había tenido clase del master toda la tarde cuando me llamo mi mejor amiga, Cris, proponiéndome quedar a cenar con su novio (Rafa, otro amigo de Carlos) y con un amigo de Rafa, que no era Carlos, claro. Por supuesto, acepté la oferta.
Lo cierto es que cuando fuimos a cenar, ese chico al final no iba a venir y Rafa llamó a Carlos para que se viniera. Esperando una encerrona, Carlos pasó de la cena y prefirió quedarse a ver el fútbol, pero dijo que luego nos llamaría.
Las horas pasaron, cenamos, tomamos algo y a las 2 de la mañana, justo cuando nos metíamos en el coche para ir a casa, llamó él y fuimos a casa de Dani a tomar algo.
En fin, después de todo este lío de llamadas y no llamadas, ahí estaba él, esperándonos en una esquina de la calle Jesús, con su melena al viento (y bastante desaliñado (no lo digo yo, lo ha dicho él siempre), sin afeitar, duchar y vestido con ropa normal). Total, que se mete en el coche y vamos a casa de Dani. Allí, entre copa y copa, parecía que entre todos ya nos querían casar, preguntándome que si quería tener hijos, sobre cuántos podríamos tener, sobre si Carlos ayudaría a mis padres a arreglar el chalet, etc. Como os he dicho, bastante subrealista. Pero pese a todo esto, la sensación que nos causamos mutuamente fue muy buena, así que quedamos que en tres semanas vendría otra vez a Valencia y organizaríamos una cena.
Y así fue, el 24 de febrero de 2007 quedamos a cenar. No he estado tan nerviosa en mi vida, y aún así, entre idas y venidas al baño (una que es nerviosa por naturaleza, qué le vamos a hacer), surgió el amor.
Y así empezó todo, el que ya lo supiera, puede recordarlo y el que no, ya ha podido matar su curiosidad. Ya os había avisado que no fue nada del otro mundo, simplemente una historia de amor...
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