Tras pasar la primera noche en nuestro hogar, esta mañana nos hemos levantado para coger el vuelo a Santander. Es el comienzo de nuestra Luna de Miel y estamos muy ilusionados. Pepe, el padre de Iris, ha pasado a recogernos un poquito antes para evitar los atascos provocados por el día lluvioso; así que hemos cerrado las maletas, que ya teníamos preparadas, y hemos salido hacia el aeropuerto sobre las 9:40 am. Se notaba un poco de tráfico como consecuencia de la lluvia, pero no hemos tardado mucho en llegar al aeropuerto.Nos despedimos de Pepe (¡muchas gracias, Pepe!), entramos en la terminal, y nos encontramos con nuestra primera sorpresa: el vuelo salía con 17 minutos de retraso. Bueno, tampoco era mucho, así que estábamos contentos. Antes de facturar el equipaje, nos dirijimos a la máquina de precintado del equipaje... toda medida de seguridad es poca cuando se trata de la Luna de Miel, así que, hay que evitar todas las sorpresas posibles... :-). Como tenían una balanza para pesar el equipaje, hemos aprovechado para asegurarnos de que íbamos bien ligeros y evitar problemas en la cinta de facturación. Todo genial, nos sobran unos cuantos kilos para volvernos con las maletas más llenas :-))).
Facturamos y nos dirijimos al escáner... ¡cómo no! me pita... :-s, si me he quitado todo lo metálico... me viene a la mente el anuncio de all-bran (o como se escriba)... pienso... mmmmm... ¡vaya! ¿serán las botas? Claro, eso va a ser; tienen los pasadores de los cordones metálicos. Me toca quitármelas y ponerme unas bolsas de plástico que tienen preparadas. Siento no haberlas fotografiado, porque me quedaban graciosas. El caso es que, efectivamente, la causa eran las botas...
Ya en la zona de embarque nos hemos acomodado en un banco y hemos aprovechado para relajarnos unos minutos mientras nos comíamos el pastel que nos regalaron Tine y Óscar. Se trataba de un bizcocho con pasas envuelto en chocolate rosa (como el del famoso pastelito de La Pantera Rosa) y con forma de corazón. En la parte superior tenía escrito "I & C", junto con dos alianzas entrelazadas en color amarillo. También llevaba unos fideos de chocolate coloreados en plata. Todo un detallazo por parte de nuestros amigos, Tine y Óscar, ¡muchísimas gracias, chicos! ¡Estaba impresionante! No podemos incluir una foto, porque no la tenemos aquí, pero en el banquete sí que le hicimos algunas fotos; así que, cuando las recibamos, las incluiremos.
El vuelo: en un avión de juguete de Air Nostrum (las maletas de mano nos las han metido en el maletero porque no cabían en cabina...), pero muy bien. Al final llegamos con 5 minutos de adelanto, supongo que gracias al viento de Levante, que estaba de nuestra parte y ha empujado un poco al avión.... ¡jejeje!
En el aeropuerto de Santander recogemos las maletas con una rapidez increible y nos dirigimos al puesto de Hertz para recoger el coche de alquiler. Le añadimos un 2º conductor, las cadenas (aquí hace frío y vamos a pasar por puertos de montaña, así que hay que reducir riesgos) y, para nuestra tranquilidad, el seguro a todo riesgo. El coche: un Skoda Octavia azulito. La verdad es que, además de bonito (el color nos ha gustado mucho), tiene un maletero espectacular. Nos han cabido todas las maletas, y eso que la de Iris es gigante... Esta ha sido la 2ª sorpresa del día.
Camino de Santillana del Mar nos encanta ver el paisaje: todo verde y con vaquitas lecheras por todas partes. ¡Qué bonito! El día estaba nublado, pero con todo el suelo mojado, como si hubiera llovido durante la noche.
Llegamos a Santillana del Mar. Iris ya lo conocía de un viaje que hizo cuando era pequeña, pero lo recordaba vágamente. Yo me sorprendo de ver tanto hotel en tan poco espacio y es que, todas las casas eran, bien un hotel, bien un restaurante. Santillana del Mar es un pueblo muy bonito en el que todas las casas son de piedra con algunos matices en madera (balcones, ventanas, vigas, etc.). Vamos, muy rústico... ¡me encanta! El Parador de Santillana Gil Blas, donde nos alojamos, se encuentra en la misma plaza del pueblo y el acceso en coche está restringido, lo cual me gusta mucho más, porque la ausencia de coches favorece el encanto del pueblo.
El Parador, en la línea del pueblo, también es muy rústico; un estilo entre posada y palacio medieval. La habitación, estilo rústico, pero con elegancia. Tras acomodarnos, como ya eran las 14:30, decidimos comer en el restaurante del Parador. El menú:
- Tabla de Quesos con D.O. Quesucos de Liébana
- Cocido montañés, un plato autóctono a base de alubias blancas, acompañadas de chorizo, tocino, morcilla de arroz y una verdurita triturada de cuyo nombre sí quiero acordarme, pero no lo consigo... :-( (mañana lo miro en la carta :-)
- Crujiente de Rabo de Toro
Siguiendo la visita nos dirigimos a lo que sin duda es el edificio más emblemático del pueblo: La Colegiata, que parece una Iglesia-Monasterio de estilo románico. Precioso. Lo hemos visto por fuera, porque ya era un poco tarde, pero hemos tomado nota para visitarlo mañana o pasado. Ya os contaremos qué tal.
Se han hecho las 21:15 y las tripas empiezan a reclamar nuestra atención. Alicia, la hermana de Iris, nos ha recomendado un restaurante que les encantó cuando estuvieron por aquí; así que, sin pensarlo ni un segundo, nos dirigimos hacia él para cenar. El restaurante se llama el Gran Duque. El menú que elegimos:
- Ensalada Gran Duque, que es como una ensalada mediterránea, pero con alcachofa, pimientos de piquillo, nueces, pasas y una anchoa (sí, sí, sólo una...)
- Anchoas de Santoña con Queso de Garnillas, el mismo queso que Revilla le lleva al Rey y al Príncipe.
- Rabas
- Sopa de pescado. Aunque incluía almejas y estaba riquísima, no llegaba a la altura de la que hace mi chica (¡¡¡mmmmmm, qué buena!!!)
Esto ha sido nuestro primer día de viaje. Tenía pensado incluir algunas fotillos de las que hemos hecho a lo largo del día, pero ya es un poco tarde, así que las incluiré en otro momento.
Besos y abrazos.
¡Hasta mañana!