miércoles, 1 de abril de 2009

Día 2: Santillana del Mar - Cueva de Altamira - Parque Natural de Cabárceno - Santander


Hoy nos hemos dado cuenta de que estamos en la comunidad de los animales, y más en particular de las vacas. Es ìmpresionante, allá donde mires hay vacas, caballos, ovejas... pero lo que más abunda son las vacas. Hemos pensado que quizá por eso hay tanto queso, por cierto, todos buenísimos.

Bueno, hoy 31 de marzo de 2009, hemos empezado el día con un buen desayuno en el parador de Santillana Gil Blas, consistente en quesos, jamón, lomo y fiambres varios, seguido de multitud de delicias dulces (pastel de Santiago, rocas de Santillana, sobaos pasiegos, tarta de manzana...).

Con este "ligero" desayuno, hemos decidido ir primero a la cueva de Altamira, a sólo unos kilómetros del pueblo y más tarde al parque natural de Cabárceno, aunque nuestra idea era pasar todo el día por Santander.

Ha hecho un día bastante nublado y con algo de lluvia, pero nada molesto, cuatro gotas, ni siquiera he tenido que abrir el paraguas en ningún momento. El camino hacia la cueva de Altamira era precioso, hemos parado para hacer algunas fotos, con las vacas, cómo no, y del paisaje, en verdad espectacular.

Hemos llegado a la cueva de Altamira, bueno, la neocueva, ya que la auténtica está cerrada temporalmente y, según tengo entendido, dan citas para dentro de unos años. La verdad es que, sincera y personalmente, creo que no vale la pena visitarla, por lo menos a mi me ha decepcionado bastante (menos mal que como tengo carnet jove no me han cobrado, aunque a Carlos sí, 3 €, jejeje, los handicaps de estar mayor).

Tras nuestra visita, hemos cogido ese pedazo coche que hemos alquilado y hemos partido hacia el parque de Cabárceno, escuchando un cd especialmente preparado para este viaje, con música actual como Amaral, Nena Daconte, La Quinta Estación... Después de que el Tom Tom Go confundiera el camino en varias ocasiones, hemos conseguido llegar al pequeño pueblo de Cabárceno, y tras atravesarlo, entramos en el parque. Pagamos la entrada, 18 € cada uno, nada barato pero vale mucho la pena.

En primer lugar, estaban los elefantes y búfalos de agua, todo en un entorno más que impresionante, rodeado de formaciones rocosas forradas con hiedra, árboles y demás plantas. Eso sí, el frío era igualmente impresionante. Hemos ido siguiendo la ruta aconsejada por el parque, escuchando el cd que te dan con la entrada y que te va contando hábitos y curiosidades de los animales, muy interesante y una propuesta que nos ha encantado.

No voy a contar paso a paso todo lo que hemos visto, ya que no terminaría nunca. Es realmente un lugar para visitar durante todo el día, y no llegar casi a las 14 horas como nosotros. Sólo diré que hemos podido ver, entre otros, ciervos, avestruces, osos pardos, serpientes, leones, tigres, jaguars (pero no los coches), gorilas, jirafas.... De lo más interesante, una pelea o jugueteos (sinceramente no sé lo que era) entre los leones, rugiendo de manera que realmente daba miedo (tras la pelea, mientras todavía estábamos con los leones, he escuchado algo que se movía y me he asustado pensando que un león se podría haber escapado... era un pajarito...). También hemos visto jugar a los osos y oseznos (más monos....).

Tras la bonita visita, hemos salido hacia Santander, un poco cansados, la verdad. Allí, hemos ido a visitar la península de la Magdalena, sin duda de lo más bonito que se puede ver en la ciudad, aunque los edificios no tienen desperdicio. Lo mejor ha sido, cuando estábamos andando hacia la península y nos hemos tropezado con unas bicicletas de alquiler y ¡eran gratis!. Así que no nos lo hemos pensado y las hemos alquilado. ¡Qué guay ha sido! Lo hemos pasado genial, lo malo es que se nos congelaban las manos y me he tenido que poner el gorro que llevaba en el bolso. Hemos subido hasta el palacio de la Magdalena, realmente maravilloso, y hemos dado unas vueltas con la bici disfrutando del precioso paisaje. Por fin, cuando hemos bajado, hemos decidido dejar las bicis, ya que se había ido el sol y el frío comenzaba a ser importante.


Nuestra idea era cenar en una taberna típica que conocí en Santander cuando vine hará unos 14 años. He llamado a mi madre para que nos explicara cómo llegar y, tras un par de vueltas, ¡ahí estaba! Tan típica como siempre, las bodegas Mazón, nos ha encantado. Hemos cenado unas rabas, unos chopitos, una morcillita de arroz y un increíble puding de cabracho. Y al terminar, nos han invitado a unos chupitos de crema de orujo que estaban buenísimos, parecidos al bailey's. La verdad es que nos ha gustado mucho y, además, nos hemos quedado llenísimos y nos ha salido bastante bien de precio.

Así, y con el frío que hacía, hemos visitado el resto de Santander en coche, el ayuntamiento, la catedral, el sardinero... Y de ahí, al hotel, a Santillana.

¡¡¡Buenas noches!!!

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