Despertamos en nuestro sexto día de viaje, en el parador de Cangas. El día amanece nublado y podemos observar en el suelo que ha llovido. Nos fastidia un poco, ya que hoy queremos ir a Covadonga, los lagos y el Naranjo de Bulnes, pero unas cuantas "gotitas" no nos van a cambiar los planes. Empezamos desayunando, como siempre, aunque yo por lo menos un poquito menos que de costumbre, ya que estoy un poco saturada de tanta comida.
Salimos hacia Covadonga, que resulta que está más cerca de lo que pensábamos, tan sólo a 12 kms. Cuando llegamos, está muy nublado y con una niebla impresionante, pero vamos bien abrigados, con capucha y paraguas (bueno, yo, porque Carlos pasa, como siempre). Nos hacemos unas fotos por la colegiata de San Fernando y entramos dentro. El ambiente está lleno de humo de incienso y nos llama la atención que la iglesia tiene calefacción, aire acondicionado.
Salimos y nos dirigimos al santuario de Covadonga. Es curioso, se entra por una especie de cueva que me recuerda en algo a los relatos de El Señor de los Anillos, a las cuevas de los enanos, ya que dentro de la cueva hay lámparas y columnas que sostienen la construcción. Seguimos hacia dentro y están haciendo misa, así que vemos por encima lo que es el santuario en sí mismo y la Virgen de Covadonga. Bajamos por las escaleras y llegamos a la parte de abajo. Nos hacemos unas fotos:

Por un pequeño pasillo mojado, nos acercamos a la fuente de los cinco caños. Creo recordar de la otra vez que estuve por aquí, que dijeron que teníamos que beber de cada uno de los caños si queríamos casarnos, así que, como ya lo estamos, no bebemos. Aprovechamos para hacernos más fotos y pedimos a unos chicos que nos hagan una juntos (parece que el viaje lo estemos haciendo cada uno a su bola, porque siempre salimos sólo uno en la foto).

Parece que está lloviendo más fuerte, así que abrimos el paraguas y al cabo de un poquito ¡plaf! ¡Adiós al paraguas! Sí, mi paraguas que ha compartido conmigo más de cinco años acaba de morir :-(. Y lo peor, es que justo este día tan nublado, menos mal que llevo capucha y parezco la mujer michelín con la chaqueta que llevo, jejeje. Ya lo hemos visto todo, así que nos vamos al coche.
Carlos quiere subir a ver los lagos. A mi me parece una locura, me han dicho que la carretera es muy dificultosa, con muchas curvas, estrecha y empinada, y además subir para no ver nada por la niebla.... Pero Carlos insiste y, en fin, ya que estamos aquí...
Se confirman las apreciaciones sobre la carretera, durante un tiempo paso un mal rato y encima con la niebla que había, ufff, qué ansiedad. No pasa nada, exposición Iris, y Carlos conduce muy bien. Después de curvas, curvas y más curvas, llegamos a la cima (aunque parecía que no llegábamos nunca). Efectivamente, hay mucha niebla y se ve poco, es una pena porque debe ser precioso. Nada más llegar, vemos un poquito el lago y bajamos para intentar aparcar. El guardia nos dice que el aparcamiento está cerca, pero allí arriba está todo nevado y el parking está más lejos de lo que dice el guardia. Así que decidimos no bajar del coche, dar la vuelta y aparcar un momentín en una carreterilla que hemos visto arriba. Al dar la vuelta, sacamos unas fotillos:

Y menos mal, porque cuando llegamos arriba, la niebla ha bajado y no se ve absolutamente nada. Parece mentira, en cuestión de unos minutos. Así que retomamos el camino de vuelta.
Todavía es pronto y, para variar, después del pedazo desayuno, no teníamos demasiada hambre. Así que partimos hacia el funicular de Bulnes. El camino hacia allí es precioso, una carretera de montaña llena de curvas y entre campos verdes primero y montañas interminables después. De repente, en los picos, empezamos a ver cabras montesas y Carlos grita: ¡Mira cariño, una cabra detrás del quitamiedos! Así que paramos el coche, bajo con la cámara, y, efectivamente, una cabrita con su papá cabró... bueno, papá cabra, comiendo hierba. Les hago unas fotos, las pobres se asustan enseguida y el papá intenta proteger a su hijito ¡más mono!.

Seguimos nuestro trayecto, intentando ver más cabras, y cada vez el paisaje se hace más bonito, un río sigue su curso al lado de la carretera. Llegamos al funicular y entramos a preguntar. La verdad es que nos parece un poco caro, y encima la chica nos dice que no vamos a ver el naranjo por la niebla. Decidimos no subir y disfrutar un poquito del maravilloso paisaje, aunque sigue lloviendo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario