Nos ponemos en marcha. La verdad es que no me apetece demasiado el viaje, daría algo por estar ya allí y no tener que coger el coche, pero qué le vamos a hacer. Salimos y nos dirigimos dirección a Vigo. Conduce Carlos, así que por el camino aprovecho para echarme una siestecita del borrego (bueno, con tanta comida en el desayuno, no sé si sería del borrego exactamente). Llegamos a Vigo y buscamos la tienda del cliente de Carlos. La verdad es que Vigo nos parece un poco complicada y el Tom Tom, para variar, no ayuda demasiado y nos mete por calles en contra dirección. Pero finalmente lo encontramos. Vamos a la tienda y saludamos a su cliente, son personas agradables con quienes hablamos un rato y nos aconsejan algunos sitios que visitar y donde comer una buena mariscada. Cuando acabamos de hablar con ellos, nos vamos hacia el sur, desviándonos de nuestra ruta, para intentar comer en una marisquería que nos han recomendado, en Baiona.
Al llegar allí, la vemos fácilmente. Pero cuando nos acercamos a ver el precio, nos asustamos un poco y decidimos que otro día de ayuno nos vendría bien. Ya que estamos al lado, decidimos acercarnos al parador de Baiona, que nos lo han recomendado en varias ocasiones. Es una fortaleza muy chula, aunque el parador en sí mismo no nos gusta demasiado (por fuera, ya que no llegamos a entrar). Por cierto, para entrar hay que pagar, tanto andando como en coche. Mejor... nos vamos.
Seguimos la autopista hasta Pontevedra y allí nos desviamos hacia un pueblecito costero llamado Cambados y que también nos han recomendado. Desde este se ve la ría, pero al hacerlo en coche supongo que pierde encanto, porque la ruta desde Cambados hasta que nos desviamos a Padrón porque el camino, aunque en la guía Repsol sale verde, no nos aporta cosas demasiado interesantes y vemos la ría en ocasiones y sólo de refilón. Así que en Padrón decidimos coger la autopista hacia Santiago, yo ya no puedo más y son las 17 h. Y así lo hacemos, por fin, y después de algunas vueltas gracias a mi gran amigo Tom, llegamos al parador, una maravilla en plena plaza del obradoiro.
Nada más llegar ya notamos el lujo. Directamente, nos cogen las maletas del maletero, nos las llevan a la habitación, nos aparcan el coche, la habitación es gigante y encima tenemos una macedonia de frutas esperándonos junto a una tarjeta dándonos la bienvenida... mmmmmhhhm, qué gozada! Le digo a Carlos que ahora sólo quiero cinco estrellas gran lujo en mi vida, jejejej.
Como siempre, nos ponemos a investigar por el hotel, un claustro, otro claustro, otro y otro. Carlos se pierde y cree que ya hemos pasado por ese antes (es todo un poco laberíntico) y le tengo que explicar cómo está dispuesto el parador (porque él es como Santo Tomás, ver para creer). Después salimos a la plaza, hay una procesión de Semana Santa, la seguimos hasta que cambia de calle y nosotros seguimos por la calle principal, donde más tiendecitas de souvenirs hay, la rúa do Franco. Nos damos un bonito paseo por las tiendecitas (qué pena no ser millonaria!).
Una chica en la puerta de una tienda nos "compra" con unas piedras de Santiago, y, como dos buenos turistas, cedemos entrando a la tienda, donde nos da a probar de todo: torta de Santiago de azúcar glas, sin azúcar glas, bombones, crema de orujo, albariño... Y, como estamos comiendo poco últimamente, lo probamos todo. Le decimos que volveremos para comprarle (y lo haremos). Aprovechamos la circunstancia para preguntarle por algún sitio para cenar, que no sea demasiado turístico. Nos aconseja dos, "Orella" y "O gato negro", nos dice que por fuera son bastante cutrillos pero que se cena muy bien a buen precio.
Después de mirar un poquito las cartas de los bares más cercanos, nos acercamos a la calle donde están los dos recomendados. La verdad es que por fuera, parecen bastante cutres, efectivamente, pero en concreto uno más que otro, así que optamos por entrar a "Orella", el menos cutre. Nos sentamos en una mesiña, y pedimos: orella (oreja de cerdo cocida), pulpo a feira y unos mejillones al vapor, regado todo con un albariño. La verdad es que está todo muy bueno, pero las raciones son para cuatro, así que acabamos a punto de reventar, y aún así pedimos postre, Carlos un flan con nata y yo una tarta al whisky.
Después de esto, nos disponemos a dar un paseíto por la ciudad, para bajar la cena. Vamos andando por la bonita ciudad y llegamos a la praza das praterías. En ella hay dos chicos subidos a una fuente y están gritando ¡dos voluntarios, por favor! Yo, en mi desconfianza habitual, me creo que es un timo o que vete a saber lo que quieren hacer, pero después de estar un rato intentando averiguar para qué querían dos voluntarios, resulta que era para tapar los cuatro caños de la fuente, decían que si se tapaban el agua salía por arriba, por la cruz que lleva la figura de la fuente. Como mi niño es así de sociable y optimista, se acaba subiendo a la fuente junto a los otros dos (qué pena no haber llevado la cámara). Por fin consiguen convencer a una chica que va con ellos y tapan los caños. Pero la chica no aguanta y se acaba mojando y se baja. Al cabo de un poquito, llega otro chico y también se sube. Tapan los cuatro caños y, después de esperar un tiempo, allí no pasa nada, así que tiran la toalla, porque encima se están mojando. Pasamos un gracioso rato, pero Carlos acaba mojado, aunque a él poco le importa.
Seguimos paseando, ya con la intención de volver al hotel porque Carlos va mojado y estoy preocupada por que no se costipe, cuando oímos cantar a la tuna, así que nos acercamos. Estaban debajo de los soportales del palacio de Raxoi, el edificio de al lado del parador. Hay poca gente, dado que es miércoles, aunque mañana sea fiesta. Tocan todas las típicas canciones, pero son muy graciosos, parece el club de la comedia y yo me parto de la risa. De repente, piden una voluntaria, y entre que no había demasiada gente y Carlos que empieza a hacerles señas señalándome ¡me hacen salir! En fin, estoy cogiéndole el puntillo a esto de la tuna. Me ponen la capa y empiezan a cantar y me dicen que elija a uno para bailar con él. Pero claro, decente que es una, le digo que estoy recién casada y que estoy de viaje de novios, así que le dicen a Carlos que salga (ejeje, le he metido en el lío), y nos ponemos a bailar allí enmedio. ¡Qué bonito, qué bonito! Qué bien lo hemos pasado, y la tuna es muy graciosa. Pero a las 23.30 h, acaba la función y se van, así que nosotros también nos vamos al hotel a descansar.
¡Que os vaya bonito!
No hay comentarios:
Publicar un comentario