viernes, 10 de abril de 2009

Día 9: Catamarán por el Río Sil y circuito de SPA

Despertamos en la nueva habitación y descubrimos la belleza de las vistas. Hay una nube baja que cubre el hueco entre las montañas. Parece como si fuera un estanque de nubes y resulta increíble.

Hoy tenemos el paseo en catamarán por el Sil y esta vez va en serio, al menos eso nos pareció cuando ayer reservamos por teléfono :-). Llegamos al embarcadero y parece que ha sido más corto; quizás por el hecho de conocer el camino. En el embarcadero hay bastante gente, así que esta vez parece que sí haremos el viaje. El barco tiene un aspecto bastante moderno, con 2 alturas, la de arriba está al aire libre y la de abajo acristalada con cristales tintados. Tras esperar unos minutos, embarcamos y en breve comienza el trayecto. Al adentrarnos hacia el centro del río confirmamos nuestras dudas: atrás vemos una presa, por lo que realmente estamos en un embalse. Tiramos río arriba donde el río se estrecha un poco, pero sigue siendo muy ancho. A cada lado, en ambas orillas del río, las montañas son más abruptas que en la zona del embarcadero, teniendo una pendiente de entre el 70 y el 100%. Estamos justo en la delimitación de las 2 provincias: a la izquierda tenemos la provincia de Lugo y a la derecha la de Orense. Las Las vistas son impresionantes durante todo el camino. El río tiene 42 km navegables, pero el barco sólo recorre 2 km, que es suficiente.










Antes de dar la vuelta llegamos a un punto en el que las laderas que rodean el río son menos abruptas y se pueden observar varios viñedos de la Denominación de Origen Ribeira. La guía nos cuenta la dificultad del cultivo de la uva en esta zona, debido a la situación de los viñedos: están en medio de la ladera de la montaña, entre la orilla del río y la cima. Lo más complicado era la recogida de la uva, ya que los viñedos, en la mayoría de los casos no son accesibles en coche.










En el camino de vuelta la guía nos muestra 2 rocas que tienen el aspecto de obispo. Una está a en la ladera de la derecha, que es el obispo de Lugo y la otra, un poco más adelante, en la ladera de la izquierda, que es el obispo de Orense. la verdad es que hay que tener imaginación, o haberse tomado un par de vinos para reconocerlos como tal, pero bueno, algo sí se parecen :-). También hay una roca que parece el rostro de un árabe, con el turbante incluido, y otra de una persona reposando en una silla. Sinceramente no recuerdo a quién representaba esta última roca, pero desde ese momento, Iris y yo comenzamos a jugar al "roca, roca", que al parecer, debe ser la versión del "veo, veo" que se practica por esta zona... ¡jajaja! En este sentido también se puede divisar el Monasterio de Santa Cristina, que era el segundo más antiguo de la Ribeira Sacra y que ya visitamos ayer. Además de todo lo dicho, también divisamos varias cascadas en la ladera de Orense, que llegan hasta el mismo río.










El trayecto en catamarán ha durado una hora y media aproximadamnete y ya estamos de vuelta al Parador. Como a las 4 tenemos reservado el circuito de SPA, decidimos comer algo ligero en la cafetería, en lugar de ir al restaurante. Iris se pide un sandwich vegetal y yo un bocadillo de jamón serrano. Están muy buenos, aunque son bastante típicos en cualquier parte de España. Esta vez no tomamos postre para no cargar mucho al estómago y evitar un corte de digestión. Todavía nos quedan unos minutos, por lo que subimos a la habitación a descansar un poquito, pero enseguida nos preparamos para la parte más dura del día...

En el SPA somos los únicos que tenemos reserva a las 4, así que genial, porque tenemos todas las piscinas para nosostros. El SPA podría haber sido muy normal, porque tiene lo que cualquier otro SPA: una piscina activa de agua templada con chorros para cervicales, dorsales, lumbares y piernas; otra piscina, también de agua templada con hidromasaje, y una tercera piscina de agua fría para reactivar la circulación sanguínea, después de un rato en cualquiera de las otras dos; duchas de sensaciones con un programa con esencias y aceites; sauna finlandesa (la típica, de ambiente seco); baño turco (ambiente húmedo); zona de relax, donde te puedes preparar un rico té. Sin embargo, la peculiaridad de este SPA es que tiene un jacuzzi en el exterior, en una terracita a pie de bosque. Es impresionante, a un lado tienes el parador y justo en frente, un paisaje lleno de árboles: robles, castaños, eucaliptos, etc. Como os imaginaréis, la mayor parte del tiempo la pasamos en el jacuzzi :-).

Como siempre, lo bueno dura poco, así que el SPA también se nos hace corto. Antes de cenar nos damos una vuelta por el exterior del parador, concretamente por una pequeña ruta que tienen definida para visitar algunas zonas interesantes que tenían utilidad en el pasado, cuando el Monasterio lo habitaban los monjes. Ya habíamos pasado por aquí durante la visita guíada al Monasterio, pero esta vez íbamos por nuestra cuenta. Vemos los restos de una ciudad Celta, bueno, realmente, eran los restos de una casa Celta, los hornos, donde hacían el pan y el muro que delimitaba las pertenencias del Monasterio. Nos hacemos unas cuantas fotos durante todo el camino y es que el paisaje nos encanta. Está lleno de robles, que parece ser que es lo que originalmente dio el nombre a la zona: Ribeira Sacra. Lingüísticamente, Ribeira proviene es una derivación de Roble, aunque actualmente hace referencia a la Ribera del Sil.













Para terminar la ruta nos salimos del Monasterio para adentarnos en la aldea, que queda justo enfrente. Vamos en busca de un par de casas que nos comentó ayuer el guía. Una era la casa de la justicia, donde la Inquisición realizaba los juicios y, al mismo tiempo, tenía los calabozos; la otra, era la hacienda, donde se recaudaba el diezmo. Subimos por una cuesta bastante pronunciada y cuando llegamos al final vemos la primera de las casas. La reconocemos porque tiene esculpido en una de sus paredes el escudo de los monjes. Girando la vista, vemos la otra casa, que está en un pequeño callejón, también con el escudo esculpido en la pared. Nos metemos en el callejón para acercarnos a la puerta y vemos que a la altura de la casa hay un entrante por la izquierda lleno de vegetación. Andamos más despacio mirando hacia el entrante, como si fuéramos con cuidado en previsión a lo que pudiera haber tras la esquina... Yo voy delante e Iris detrás y, de repente, me giro rápidamente y hago un gesto como si echara a correr. Iris pega un bote y del susto se le sale el corazón de su sitio, pero cuando ve mi cara sonriente empieza a agitar los brazos como si me quisiera pegar, pero sin llegar a hacerlo; parece que la ha poseído un espíritu maligno... Intento abrazarla para calmarla, pero el enfado que tiene me lo impide, y no es para menos, ¡menudo susto le he dado! Poco a poco va recuperando la calma y consigo abrazarla y darle un beso (bueno, muchos besos :-).










Llega la hora de la cena y estamos en la habitación. Como nos entra la pereza, pedimos un par de platos al servicio de habitaciones; concretamente, la Empanada do Mosteiro (empanada gallega) y una ensalada mixta. De postre tomamos las filloas rellenas de compota de manzana, con un canuto relleno de crema pastelera. Personalmente, me gusta más el canuto que las filloas, que no son otra cosa que un crepe.

¡¡Besos y abrazos!!

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