miércoles, 8 de abril de 2009

Día 7: De Cangas de Onís a Santo Estevo

Hoy es nuestro último día en Asturias y como tenemos un largo viaje hasta el siguiente parador, el de Santo Estevo, nos despertamos un poco más pronto de lo habitual. Nos arreglamos y bajamos a desayunar, como de costumbre. Anoche nos propusimos un reto para hoy: no comer nada después del desayuno y hasta las 8 de la tarde. Sabemos que no es una medida muy sana, pero es una forma de dar tregua al estómago y, como el desayuno es muy fuerte, no vemos problema en cumplirlo. Aún así, para evitar caer en la tentación, nos ponemos castigo (o coste de respuesta, como diría un psicólogo... ¡jejeje!) que consiste en que el que coma algo antes de las 8 de la tarde, se tiene que levantar a las 8 de la mañana los próximos 3 domingos para limpiar en casa. ¿Conseguiremos aguantar sin comer tantas horas...? Pues no lo sé, pero por si acaso, me pongo ciego en el desayuno para tener suficientes reservas :-).

Recogemos el equipaje y partimos hacia el próximo destino. Según Google Maps tenemos poco más de 5 horas por la ruta más rápida, pero decidimos que sería interesante hacer una paradita en Astorga y otra en Castrillo de los Polvazares, que nos lo había recomendado el "hombre del supermercado".

Al salir del Parador tomamos la carretera en sentido a Cangas de Onís, mientras configuro el Tom Tom para que nos indique el camino. ¡Cómo no! Nos hemos equivocado. Nuestro amigo (más mío que de Iris) el navegador, nos indica que debemos dar la vuelta, pero no es posible hasta la entrada de Cangas de Onís. Entonces el Tom Tom recalcula la ruta y nos indica tomar un desvío que tenemos unos pocos metros más adelante. Como dos chicos buenos, hacemos caso de las indicaciones y tomamos el desvío, pero ¡en qué hora! Una carretera de las que sólo cabe un coche y llena de curvas. Conduce Iris y empiezo a pensar que su Tom Tom le tiene manía, así que le digo que eso es una represalia por no usarlo mucho... :-).










Acaba la carreterucha y entramos en la nacional; poco después viene la autovía, que pasa circunvalando Oviedo y aprovechamos para echarle un vistacillo a la ciudad. Aunque no es una visita en condiciones, tampoco vemos nada que nos llame la atención, aunque no me parece una ciudad fea. Unos kilómetros después entramos en la autopista que lleva de Oviedo a León, de esta manera evitamos algún que otro puerto de montaña y no prolongamos el viaje más de la cuenta.

Hace ya un buen rato que el paisaje ha cambiado. Ya no vemos tanta vaca pastando y todo se va viendo más marrón y menos verde; supongo que es la proximidad de Castilla León. Llegamos a las proximidades de la Sierra de Casomera y nos adentramos en un túnel. A la salida nos sorprende un nuevo cambio del paisaje: nos encontramos rodeados de montañas con la cima nevada ¡qué maravilla! El paisaje es increíble. Incluso unos kilómetros más adelante pasamos junto a 2 embalses: el de los Barrios de Luna y el de Selga-Ordás (bastante más pequeño que el anterior).

El recorrido no tiene más interés hasta llegar a Astorga. Además, llegando a la altura de León el paisaje se convierte en árido y, en mi opinión, deja de ser atractivo (lo siento, pero no me gustan los paisajes áridos). Astorga es un pueblo con aspecto de ciudad. No tiene casas, sino edificios de varias alturas. Tiene algún edificio bonito, pero en general, no me parece muy interesante. Sin embargo, al llegar al centro vemos la catedral y un edificio al lado, ambos muy bonitos. El edificio es el Palacio de Gaudí y, como todas sus obras, es precioso. Damos una vuelta a la catedral, que también nos gusta mucho, para hacer algunas fotos y nos encontramos con una procesión de Semana Santa, pero a ninguno de los dos nos llaman la atención la procesiones, así que la seguimos un poco, pero tampoco le hacemos mucho caso. De vuelta hacia el coche entramos en una panadería para comprar unas mantecadas de Astorga, que tienen mucha fama. Estas son para Valencia, así que no puedo decir si hacen honor a su fama :-(.

Después de Astorga paramos en Castrillo de los Polvazares. Nos tenemos que desviar un poco, pero está muy cerquita. La primera sensación que me llevo es que estamos ante un pueblo fantasma. Todas las casas son de color rojizo, hechas con piedra, pero muy bien conservadas. Aunque parecía que allí no vivía nadie, no es cierto, ya que el pueblo está totalmente habitado; es más, tiene varios mesones y un hostal. A la entrada nos encontramos con un hombrecillo con una guitarra que canta cuando pasa alguien.










De nuevo detectamos un cambio en el paisaje: vuelve a verse todo más verde, aunque no tanto como en Asturias, pero lo más llamativo es que las casas tienen todas el techo de pizarra. Se nota que estamos entrando en Galicia...

La siguiente parada es en Monforte de Lemos, donde se encuentra el parador que descartamos como alternativa al de Santo Estevo. El pueblo está siituado alrededor de una colina, en cuya cima se divisa un monasterio con su iglesia. Queremos dirigirnos hacia él, pero antes llegamos a un edificio también monumental. Aparcamos el coche y vemos que junto al edificio está la oficina de turismo, así que entramos a preguntar. Salimos encantados porque la chica nos atiende fenomenal, dándonos información, tanto de Monforte de Lemos, como de la Ribeira Sacra, que es la zona de Santo Estevo. Según nos indica, el monasterio que hemos divisado es el Parador, así que cogemos el coche y subimos hasta arriba. El Parador es muy bonito, pero muy ruidoso, al menos en la zona de la cafetería. Parecía como si hubiera mucho turista que había entrado a curiosear y tomar un café, como si estuviera en una cafetería del pueblo. Esto no me gustó mucho y, en parte, me alegré de no haber elegido este parador.

Quedan pocos kilómetros hasta Santo Estevo, unos 35 más o menos, pero el último tramo de carretera no parece muy agradable, según el mapa. Cerca están los ríos Miño y Sil. Ambos tienen un caudal importante, incluso en algunas zonas parecen pantanos, en lugar de ríos. Además, por la Ribeira Sacra están rodeados de montañas, formando un paisaje espectacular. La carretera va en todo momento junto al río Miño, hasta que llega el desvío hacia el Monasterio de Santo Estevo. Aquí comienza el peor tramo de carretera, mal asfaltada, estrecha y llena de curvas. Son poco más de 7 kilómetros, pero se nos hace interminable. Al final, damos a otra carretera más decente, donde el asfalto está bien y hay 2 carrilles, uno para cada sentido. Esta es la que nos lleva definitivamente hasta el Monasterio.

La llegada al Monasterio de Santo Estevo es espectacular. El paisaje es muy frondoso, lleno de castaños y con el río Sil al fondo. El Parador (Monasterio) se ve desde arriba y tiene un aspecto muy bueno: mucho más bonito que el de Monforte de Lemos :-). Por dentro tiene 3 claustros, uno rectangular y grande, y 2 cuadrados más pequeños. Como ya son casi las 8, decidimos dejar la visita para mañana y arreglarnos para bajar a cenar, que llevamos desde las 11 sin comer nada. Efectivamente, al final lo hemos conseguido y no hemos comido nada desde el desayuno :-).













El comedor se ve elegante y tiene el techo muy alto (3 alturas). Nos sentimos muy a gusto y de aspecto, nos parece el mejor de los Paradores en los que hemos estado. Parece que vamos subiendo de nivel :-). Para cenar, esta vez somos comedidos y pedimos sólo 2 platos para compartir: pulpo a feira y lacón con grelos; muy gallego todo ello... Para acompañar, un vino D.O. Ribeira, que no tiene nada que ver con el Ribeiro que conocemos, y de postre, un arroz con leche para compararlo con el asturiano. El vino está muy bueno y nos recuerda un poco al Icono, que es el tinto de la boda. El arroz con leche, buenísimo; del estilo del que conocíamos, por lo que distinto al de asturias. A mi, personalmente, me gustó mucho más el de Asturias, aunque reconozco que este está buenísimo (de los mejores que he probado).

Ahora, a descansar, que nos lo hemos ganado :-).

¡¡Buenas noches!!

1 comentario:

Chevi Sr dijo...

Iris dejale descansar un poco que la primera foto me preocupa...