sábado, 4 de abril de 2009

Día 5: Cangas de Onís

La primera noche en el parador de Cangas de Onís resulta muy agradable. Estábamos cansados de la paliza de ayer y nos acostamos con la idea de no madrugar; así que nos hacemos los remolones en la cama antes de levantarnos. Eso sí, el desayuno no hay que perdérselo, así que nos ponemos en pie y bajamos a desayunar. Notamos algunas diferencias en el desayuno, que denotan el cambio de región: ya no hay anchoas ni sobaos, pero sí que hay arroz con leche y eso es algo que tengo que probar... Su sabor tiene un toque distinto al que he probado otras veces. Parece como más denso, quizás una textura algo harinosa, pero está de miedo. ¡Me encanta! Podría decir que el mejor que he tomado hasta ahora.

El Parador está junto al río Sella, donde hay 3 cotos de Salmón muy próximos. Vemos un cartel que recomienda 2 rutas que van junto al río, una en cada sentido partiendo desde el parador. Una de las rutas termina en Cangas de Onís; así que decidimos recorrer ambas rutas, que son menos de 2,5 km y acabar en Cangas de Onís. En principio este es el plan para hoy: algo tranquilo.










Comenzamos la ruta más corta que es de 800 metros y va todo el rato junto al río. La verdad es que el paraje es muy bonito. Yo intento localizar algún pez, incluso algún salmón, pero no hay forma. Es curioso, pero todavía no he visto ni un solo pez en ninguno de los ríos por los que hemos pasado. ¿Será que el agua está muy fría y se quedan en casina? :-S. Alcanzamos una zona donde el agua no llega hasta la orilla, dejando un área de cantos rodados enormes y decidimos bajar para acercarnos a la orilla. En esta zona el río no tiene mucha profundidad y el fondo está lleno de cantos rodados que van cortando el paso del agua. Una vez más, con la intención de buscar algún salmón (iluso de mi...) me fijo en el agua y ¡ahí hay uno! Veo un animal moviéndose contracorriente entre el agua y los cantos rodados. Parece demasiado grande para ser un salmón. De repente se para y asoma la cabeza y grito: ¡cariño, una foca! Y, con toda razón me dice Iris: ¿Cómo va a ser una foca aquí? ¡Jajajajaja! ¡Qué flipao soy! Resulta que era una nutria... ¡Qué flipe! Ni por un segundo se me habría pasado por la cabeza que podríamos ver una nutria en el río; sin embargo, parece ser que es uno de los habitantes por esta zona. La nutria continua su camino río arriba y vuelve a pararse y a asomar la cabeza. Nos mira y al vernos, se mete en el agua y sale disparada, pero esta vez río abajo, dejándose llevar por la corriente. Parece que nuestra presencia la ha asustado y huye. Antes de desaparecer, esta vez sin parar, saca la cabeza y la cola, mirando hacia nosotros. Seguramente para asegurarse de que no íbamos detrás de ella, pero preferimos pensar que era para saludarnos :-).

Sin darnos cuenta se ha hecho la hora de comer... ¡cómo pasa el tiempo! ¡madre mía! Cambiamos de planes y decidimos comer en el parador y dejar la visita a Cangas de Onís para la tarde. Aunque algunos platos coinciden, el menú de este Parador me resulta más apetecible que el de Santillana del Mar. Iris no tiene mucha hambre y decide tomar sólo 1 plato: paté de cabracho, elaborado a base de pez de roca. No está mal, pero tiene demasiado sabor a pimiento, lo cual le mata el sabor. Yo, por otra parte, me lanzo a por un menú autóctono:
  • Carpaccio de Gochu. No sé lo que es el Gochu, pero parece como una especie de jamón. El plato es enorme...
  • De segundo, el plato estrella: la fabada con compango. Estamos en Asturias, así que no podía faltar una buena fabada :-). Sin duda, muy buena.
A pesar de la fabada, no me siento muy pesado, lo cual es genial porque no me entra la modorra que esperaba tras semejante "platerà". Nos ponemos en marcha para recorrer la segunda ruta de 1,5 km que termina en Cangas de Onís, pero Iris no se encuentra muy bien (tiene algo de dolor de estómago), así que decidimos volver a la habitación a descansar un poco. Tras un ligero sueñecito, Iris se despierta mejor y emprendemos la marcha, pero para no arriesgar, decidimos ir en coche.

Cangas de Onís es un pueblo muy bonito. A la entrada de el pueblo vemos un puente romano muy bien conservado. Continuamos por la avenida principal, donde vemos muchas tiendas de souvenirs y unas cuantas sidrerías. Encontramos aparcamiento y nos dirigimos hacia el puente romano, donde nos hacemos unas cuantas fotos. Desde lo más alto del puente hay unas vistas muy bonitas, tanto del pueblo, como del río y de los alrededores.










Mientras paseamos por el pueblo, vamos parando en algunas casas que parecen monumentos, pero sobre todo, aprovechamos para entrar en las tiendas de souvenirs y comprar algunos regalillos. La ruta turística finaliza cuando llegamos a la iglesia del pueblo. Es un edificio atípico, pero bonito. En frente tiene una placita con un pequeño jardín y una fuente en el centro. Nos hacemos algunas fotillos.










Ahora toca ir en busca de una sidrería para cenar mañana (hoy cenamos en el parador), pero, a pesar de ver bastantes, no nos decididimos por ninguna. Preguntaremos en el Parador a ver si nos pueden recomendar.

Estamos de vuelta en el Parador. Esta noche queremos darle una tregua al estómago y pensamos que sería interesante cenar una ensalada en la cafetería, donde se está muy relajado. Así lo hacemos y pedimos símplemente una ensalada mixta, un café y un par de licores para rebajar :-).

Esto es todo por hoy. Mañana, más.

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