Cogemos el coche y nos vamos hacia el "embarcadeiro", que se encuentra cerca de un pueblo llamado Loureiro (una palabra con más vocales que sílabas). Nos hemos enterado que Loureiro significa laurel. Durante el camino, el paisaje es precioso, no os podéis hacer una idea. Árboles por todas partes, todo, absolutamente todo, verde, las rocas, también verdes, invadidas por el musgo, cada dos por tres un riachuelo. Espectacular, el paraíso no lo imagino más bonito. Cualquier foto que publiquemos aquí no hará justicia a la belleza del paisaje.
Después de un rato, llegamos al embarcadero. No hay nadie, qué raro. Sólo un coche, todo cerrado y dos barcos, uno más pequeño que otro. Nos acercamos hacia el más grande ya que vemos que hay alguien. Después de un rato esperando, el hombre sale y nos dice que hemos contratado con la otra compañía pero que hoy no van salir, ni unos ni otros. Increíble, nos parece lo peor, así que emprendemos el regreso y llamo a la otra empresa (a la del señor que amablemente nos había informado). Nos dan cita para mañana a las 12'30. ¡Genial! Hemos tenido suerte incluso habiéndonos dado plantón, ya que el barco grande es más chulo.
Está lloviendo. Decidimos seguir una ruta para ver el monasterio de Santa Cristina y un mirador, y de allí ir a Ourense, ya que el día parece que va a ser malo en cuanto a la climatología. El camino sigue siendo precioso, impresionante, de vez en cuando nos paramos para hacer alguna foto. Llegamos a un mirador, el de Cabezoas, pero está lloviendo mucho y las vistas pierden bastante. Seguimos la ruta y después de un rato llegamos una indicación hacia un pueblo llamado Requián, yo no quiero entrar, pero Carlos sí, así que, como conduce él, entramos. Es un pueblo muy pequeño, de pocas casas, donde los pocos habitantes nos miran con cara de "estos pobriños se han perdido". Al final del pueblo llegamos a una iglesia pequeñita, del estilo de las de por aquí, así en plan rústico. Damos la vuelta por las estrechas calles (en estas no cabían dos coches juntos ni de milagro) y proseguimos el camino hacia Santa Cristina. Y finalmente, llegamos.
Tras la bonita visita, vamos hacia el mirador de los balcones de Madrid, en el pueblo de Parada Do Sil. Seguimos las indicaciones y no nos cuesta llegar. Las vistas son muy chulas, se ve el río Sil debajo y los cañones, aprovechamos para hacernos unas cuantas fotos.
Cogemos el coche y decidimos ir hacia Ourense ya, pero cuando estamos saliendo del pueblo de Parada Do Sil, Carlos ve una señora cortando pulpo y piensa que es una feria. Paramos, bajamos del coche y nos acercamos a ver qué es. Hay una sombrilla con una olla muy grande al fuego, una pequeña barra, los platos típicos del pulpo y una señora cortando a trozos el pulpo y poniéndolo en los platos. Nos ponemos a hacer cola para comprar un poco. Esperamos un rato, la señora está con su marido, que saca varios pulpos del coche y los pone a cocer en otra olla más alejada. La mujer le dice a su marido que esté tranquilo, que ella sólo tiene dos manos y no puede ir más rápido. Es curioso lo rápido que corta el pulpo y lo coloca encima de los platos. También se puede pedir para llevar, el pulpo con el pimentón, aceite y sal lo mete en una bolsa y ésta la mete en otra en la que echa caldo de la olla para que no se enfríe. Nosotros seguimos haciendo cola, yo con la boca abierta de ver algo tan típico y Carlos ilusionado por la situación. Por fin nos toca y pedimos una ración, 6 €. Le preguntamos si se puede tomar en el bar de al lado y nos dice que sí. Así que entramos y nos sentamos en la barra. Pedimos dos Coca-Colas. Probamos el pulpo y... ¡mmmmmmmmhh!, impresionante, el mejor que hemos probado jamás.
Ahora sí, salimos hacia Ourense. La carretera no es tan chula, pero está bien. Al cabo de un rato hemos llegado. Durante el camino, hemos hablado de comprar una empanada gallega en algún sitio y comérnosla tranquilamente en la habitación del hotel. En Ourense, nos liamos un poco pero rápidamente encontramos un lugar donde aparcar no muy alejado del centro. Casualmente, vemos unos puestos cerca de un mercado donde pone que venden empanadas y pan. Nos acercamos y compramos una de carne. Al lado hay una señora que vende unas rosquillas dulces y le compramos una bolsa. Hablamos con ella un ratito y nos comenta que vayamos a ver las termas, en las que el agua sale a mucha temperatura de forma natural y son gratuitas. La mujer es muy simpática, nos cae muy bien. Nos despedimos y nos vamos a ver "As burgas", que es una plaza donde hay una fuente en la que el agua sale a una temperatura de ¡67º!. Intento tocarla, pero Carlos me dice que ni se me ocurra, que me quemaré, así que tocamos la que hay en donde cae ¡ufff! ¡quema! menos mal que no he tocado la de la fuente. Probamos las rosquillas, ¡están buenísimas! A la vuelta le compraremos más a la buena mujer. Caminamos hacia la plaza del ayuntamiento y la catedral. La plaza es bonita, pero la catedral nos parece un poco rara, es demasiado robusta y alta, y los edificios están muy pegados, lo que aún la hace más grande a la vista. Se pone a llover más fuerte, así que aceleramos el paso para no mojarnos. Cuando llegamos al coche, nos acercamos rápidamente a comprar más rosquillas.
Al llegar a la habitación, nos damos cuenta de que no han arreglado el aire y el ambiente es super caluroso. Carlos llama a recepción y les sugiere que nos cambien de habitación. Nos dice que hay una habitación libre, pero que es más pequeña que la otra. La vemos, es más pequeña, también la cama, aunque las vistas dan a la montaña, pero decidimos cambiarnos dado que pensamos que con las horas que son no van a arreglárnoslo a tiempo.
Estamos cansados, subimos a la habitación y cenamos la empanada gallega y algunas rosquillas. La temperatura es más agradable, en general, estamos más cómodos en esta habitación.
Un besazo!!!
No hay comentarios:
Publicar un comentario