jueves, 2 de abril de 2009

Día 4: Santillana del Mar - Comillas - San Vicente de la Barquera - Lastres - Cangas de Onís

Hoy, 2 de abril de 2009, nos hemos levantado con renovada ilusión, ya que nos tocaba cambiar de parador y, aunque dé pereza lo de preparar las maletas, siempre guardas la curiosidad por saber cómo será. Habíamos decidido ir hasta Cangas a través de diferentes pueblos que nos habían quedado por conocer, y lo que hubiera sido un viaje de hora y media se ha convertido en un viaje de 8 horas.

Comenzamos nuestro recorrido desde Santillana, y vamos hacia Comillas. El trayecto es rápido y corto, y el paisaje como siempre, lleno de vacas. Comillas es un pueblo marinero en plena costa, así que pensamos aparcar y dar un paseo por la playa. El sol es casi molesto de lo brillante y casi hubiera preferido que estuviera algo nublado. Conforme vamos caminando, observamos diferentes lugares que pensamos pueden ser interesantes. Vemos en lo alto de una montaña una estatua de un hombre encima de una columna, así que creo que es Colón. Justo al lado, apreciamos una casa de cuento de hadas, de verdad, preciosa, y, cómo no, decidimos subir a averiguar si es realmente Colón y ver la casa más de cerca.

Cogemos el coche e intentamos acercarnos pero nos equivocamos de salida en la rotonda y decido que será mejor seguir recto, a ver a dónde llegamos. Y menos mal, porque un poquito más adelante vemos un palacete increíble, muy bonito, con un jardín precioso a los pies. Aparcamos el coche y nos acercamos a ver de qué se trata. Es el palacio de Sobrellano, del Marqués de Comillas y también llamado el capricho de Gaudí. Decidimos entrar y verlo por dentro, así que pagamos la entrada para una visita guiada. El palacio por dentro es muy bonito, principalmente el hall de entrada y la sala principal. Lo mejor de todo es la forma de hablar de la guía. Ya que la visita es de por sí corta (duró sólo 15 minutos), la guía se encarga de hacerla más larga alaaaargaaandooo las palabras de una forma excesiva. Al principio, incluso me planteé que la mujer tuviera un problema de lenguaje, no sé, una tartamudez corregida o algún trastorno neurológico (psicóloga que es una), pero no, ya que cuando acabó la visita se puso a hablar normal. Sé que así explicado parece una tontería pero os asegura que era flipante lo exagerado que lo hacía "Cooomiiilllllllllaaassss", "Eeeespaaaaññññññññññaaaaa". De verdad, cuando empezó a hablar me estaba entrando la risa y pensé, "Iris, no mires a Carlos, porque como le veas la cara y haga algún gesto referente a esto te partes y quedamos fatal". Así que luche conmigo misma y mantuve el tipo.


Cuando salimos del palacio, retomamos nuestro intento de ver la estatua de Colón (que habíamos descubierto que no era de Colón, si no del Marqués de Comillas, Antonio López). Cogemos el coche y por fin encontramos el trayecto correcto. Vemos la estatua, con unas vistas espectaculares, y la casita de cuento, que era un salón de banquetes, pero precioso por fuera (juzgad vosotros mismos).












Desde este bonito pueblo costero, partimos hacia San Vicente de la Barquera, no sin algún que otro problema, ya que la carretera por la que nos lleva el Tom Tom está cortada. Bueno, no pasa nada, recalculamos la ruta y nos vamos. Lo malo es que nos lleva por un camino de "vacas", muy estrecho y por el que nos cruzamos todos los coches del pueblo siguiente, Ríoturbio (el porqué de este nombre es fácil, al bajar la marea queda un barrizal increíblemente grande, vamos es una interpretación mía, pero es que era como un río muy turbio). La cuestión es que seguimos por el camino, y cuál es nuestra sorpresa que en un determinado punto también estaba cortado. Bueno, tranquilo todo el mundo, vamos a volver a recalcular la ruta. Pero el Tom Tom no es tan listo, así que nos mete por las callejuelas del pueblo, la gente nos mira con cara de "¿y estos quiénes son?" y volvemos a salir al mismo punto cortado de antes. Aaaaahhhh!!!! Ya puede cundir el pánico, ¿estamos atrapados?. Pero preguntando se va a misa, así que ni corta ni perezosa, bajo la ventanilla y le pregunto al primer amable hombrecillo que encuentro, el cuál nos indica que a no ser que queramos cruzar a nado, debemos volver por donde hemos venido. Así lo hacemos, aunque no volvemos por Comillas, el Tom Tom encuentra otro trayecto más corto y por ahí vamos.

Por fin, (ya pensábamos que los pobres de San Vicente de la Barquera estaban atrapados y que para salir del pueblo debían cruzar a nado el barrizal), llegamos al pueblo. La verdad es que es bonito, pero me gustó mucho más Cooooommmmmiiiilllllllllllllaaaaasss, perdón. Buscamos un sitio donde comer, pero todos los sitios son carísimos, para turistas, y nos vamos a buscar algún sitio más asequible y auténtico. Al final encontramos un menú del día que nos cuadra más y pedimos:

1º: langostinos a la plancha (muy buenos y Carlos le encantaron, sólo hay que ver la foto chupando las cabezas y tengo otra chupándose los dedos, la pondré a petición popular, jejeje)

2º: Carlos pide sardinas asadas y yo chipirones a la plancha con patatas fritas.

Postre: Carlos pide una cuajada con miel y yo una mousse de fresa con nata ¡mmmmmh!



Nos vamos del pueblo, queríamos visitar Lastres, el pueblo de Doctor Mateo aunque en la serie le llaman San Martín del Sella. Cogemos la carretera, nos entra sueño, Carlos se duerme y yo me emociono con la música para no dormirme, me molesta el sol y se me pone dolor de cabeza, pero ya hemos llegado. Me siento emocionada por ver el pueblo, pero no nos parece como en la tele. Oímos a unas personas que preguntan a unos del pueblo y nos unimos a la conversación para enterarnos de dónde están los sitios, ya que el pueblo no es nada pequeño.

Cuando nos hemos enterado de todo, decidimos subir a la parte de arriba en coche, ya que está muy empinado, y de ahí ir bajando. Como decía la sabia señora a la que preguntaron, "más vale bajar que subir". Es un pueblo costero muy auténtico, con muchísimas casitas y todo muy empinado, con muchas escaleras y rampas estrechitas y todo de piedra. Por fin, conseguimos identificar la casa del doctor, la radio, el bar y la casa de la panadera. Subimos otra vez la cuesta, no sin un considerable esfuerzo...

Cogemos el coche y nos vamos hacia el faro. Atravesamos un pueblecito, Lluces, y ¡sorpresa!, nos vuelven a invadir las vacas. ¡Corre, saca la cámara de fotos y la de vídeo!¡No puedo, se ha enganchado! Sacamos las cámaras y nos ponemos a grabar como unos locos. Me imagino al pobre pastor diciendo: "Pobrecitus, - léase con acento asturiano - esta gente de ciudad, que no han visto una vaca en su vida". Visitamos el precioso faro en un entorno espectacular, un acantilado que como te resbales no lo cuentas.





Como veréis, después de este día tan ajetreado, estábamos agotados y con ganas de llegar al parador, pero las aventuras no acabaron ahí. El Tom Tom nos lleva por una estupenda carretera de montaña con mareantes curvas, y, ¡cómo no! una vaca sola enmedio de la carretera. Carlos, que no se lo piensa, para el coche y nos bajamos a hacerle fotos. ¡Cuidado Carlos, que es una vaquilla, y las vaquillas envisten. La pobre Mariana (como a partir de entonces llamamos a todas la vacas), nos mira con cara entre dudosa y sorprendida, así que decide poner tierra de por medio y alejarse hacia su cuadra, no sin antes dejarnos unas cuantas fotos para el recuerdo.


¡Hemos llegado al Parador de San Pedro de Villanueva en Cangas de Onís!¡Por fin! Ya sólo por fuera nos parece una auténtica pasada, un antiguo monasterio del siglo XII conservado hoy como parador. Nos dan la habitación y otra vez flipamos. Un vestidor, un baño normal pero entramos y la habitación tiene una parte con dos silloncitos orejeros y una mesita de centro y un sofá de tres plazas con otra mesita, y la cama con las mesitas ¡es enorme! y además está chulísimo. Decidimos visitar el resto del parador (como si hoy no hubiéramos hecho suficientes cosas). Hay un claustro de dos pisos, pequeñito, pero con mucho encanto, desde el que se divisa el campanario de la iglesia, un pórtico románico precioso, que da a una sala a donde no se puede pasar, ruinas arqueológicas, un antiguo pozo de donde los monjes se abastecían de agua, parece que todo el parador tiene algún sitio con encanto, incluso las zonas más modernas. Desde luego, nos gusta infinitamente más que el parador anterior.
Después de la visita, descansamos y bajamos a cenar al restaurante del parador. Cenamos lo siguiente:
- Para compartir: huevos rotos con morcilla fresca y cebolla confitada; degustación de salmones con salsa de yoghurt (salmón marinado y caramelizado)¡mmmmmmmh! ¡increíble!
- Como segundo, Carlos pide la sopa de pescado ligada con marisco y yo una crema de calabacín y puerros con queso de cabra y miel realmente deliciosa.
En fin, tras este trajín de día, ¡nos vamos a dormir!

¡Muchos besos!

2 comentarios:

Unknown dijo...

Hola chicos!! Me lo estoy pasando bomba con vuestra luna de miel. Me encanta la idea de poder compartirla con vosotros, aunque sea desde mi actual realidad, con Alba malita con un supercatarro con miles de mocos, dolor de garganta, dientes a punto de salir con sus consiguientes 5 ó 6 cacas diarias y todo el santo día de hoy llorando sin parar, en fin, lo lógico de una mamá con hijos pequeños (aunque como ya me conocéis lo vivo muy a gusto), menos mal que parece que cuanto peor se porta Alba mejor se porta Alejandro. Vuestros relatos hacen que me acuerde mucho de mi luna de miel (me parece que os estáis poniendo igual de ciegos a comer que nos pusimos nosotros). Aprovechad y disfrutad todo lo que podáis, que un viaje como ese, sin preocupaciones ni responsabilidades, ocupándoos tan sólo el uno del otro, no hay muchos en la vida. ¡¡Os envidio sanamente!! Que sigáis pasándolo tan bien como hasta ahora. Un besote muy fuerte de vuestra hermana.
Alicia.

JMM dijo...

Yo también lo sigo,aunque veo las fotos... joder, Iris, tienes más palique que Alicia, y eso es un record mundial!!!

Pasadlo bien y seguid disfrutando...

Un beso